
Hace solo unos pocos de meses, me dije: "Vaya, parece que una muchacha joven, sin complejos y moderna, en el sentido de estar acorde con los tiempos actuales, puede hacer un buen papel en un Ministerio, ya de por sí, cuestionable".
Pues parece que me equivoqué. Y llevo resistiéndome a la crítica, desde hace algún tiempo, por el temido temor (valga la sinécdoque) de ser acusado, una vez más, de misógino. Recurso este, por cierto, muy felizmente utilizado por quienes pretenden negar el concepto de ineptitud o de estupidez, cuando éste parte del sexo femenino.
Pero que le vamos a hacer. Esta "niñata" (me niego a calificarla a estas alturas de "muchacha") no solo se está aprovechando indignamente de una institución del Estado, sea la que sea, pero que pagamos todos, para hacer notar su equivocado concepto de "igualdad", sino que además pretende insultar nuestra inteligencia.
Desde mi ignorancia, creo firmemente en que se pueden hacer miles de cosas por mejorar la igualdad, la que se escribe con mayúsculas y no esa que se dicta desde un feminismo casposo, antiguo y surrealista, para elucubrar inventos inútiles consistentes en vomitar palabras como "miembra" (claro concepto equivocado de la vocal "o"), equiparar a los maltratadores con sus victimas (concediéndoles un teléfono para que se desahoguen), o como la última de sus "paridas", que es crear bibliotecas solo para mujeres (eso yo ya lo he visto en un país como Irán, donde existen miles de cosas "solo para mujeres o solo para hombres").
Quizás esto forme parte de esa campaña que circula por ahí, consistente en averiguar el papel de la mujer en la "Alianza de Civilizaciones". Algo así como la búsqueda del Arca Perdida... No sé...
Dudo mucho de que la mayoría de mujeres se sientan identificadas y orgullosas del lamentable papel que está haciendo Doña Bibiana, pero de lo que estoy casi seguro es de que la mayoría de la población de este país, española o no, hombres y mujeres o no, nos sentimos algo indignados por la forma en la que se utilizan nuestras aportaciones a la Hacienda pública.
Ahora tengo claro que la triste y decadente decisión, aunque muy inteligente, de nuestro querido y tierno Presidente Zapatero de crear un Ministerio muy políticamente correcto, se queda en solo eso: mera corrección política.
Pero como objetivo real y práctico, absolutamente inútil, aunque tremendamente cara para quienes la corrección política nos importa lo mismo que un pimiento.
Se supone que este es nuestro destino. Ajo y agua... ¿O no?.