martes 1 de febrero de 2011

LA MUSICA ESTA DE LUTO



No hace demasiado tiempo, alguien se burló de mi música comparándola con la de John Barry. Que mayor honor pudo concederme ese zote, sin darse cuenta de su propia necedad.
Y es que lo más normal, y lo más mediocre también, es identificar a John Barry por lo más fácil, lo más sencillo y lo más simple de su carrera. Me refiero a las bandas sonoras de la serie de películas del agente secreto James Bond.

Composiciones que, aunque ingeniosas y comerciales, no son precisamente las que definen la auténtica genialidad del compositor británico.
Y es que las partituras sinfónicas de John Barry podrían pertenecer perfectamente a un músico del romanticismo tardío, si no fuera por que ese estilo, ese lenguaje musical, al comenzar el siglo XX quedó relegado casi estrictamente al cine.

Quizás por ello, y tal vez yo sea también un necio por ello, le tengo cierta grima a que la música sinfónica académica actual se encuadre casi exclusivamente en el serialismo y el dodecafonismo, y si no es así no es académica, o culta, o como demonios se le quiera llamar. Y que al mismo tiempo la música sinfónica tonal, armónica y al abrigo de los maestros del final del XIX, haya quedado para poner música a un beso, a la llegada de un tiburón o a una escena de acción.

John Barry, como muchos otros compositores de música sinfónica "clásica" o convencional (casi vulgar, para la mayoría), entendió que nunca llegaría a dar a conocer su obra si no se aliaba con la industria cinematográfica.
Y es que quizás no tuvo más remedio si quería vivir de ello.

Descanse en paz.

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