lunes 19 de abril de 2010

SINFONIA 3

Aún recuerdo el vértigo, a principios de noviembre del pasado año, cuando la pantalla del ordenador me mostraba una partitura totalmente en blanco.
Tras casi seis meses después, y terminando lo que ha de ser el tercer movimiento de los cuatro previstos, el vértigo se ha convertido en pánico a lo que ya parece inminente.

A medida que se acerca el final noto que esta sinfonía empieza a controlarme a mi, más que yo a ella, y la productividad en estos últimos tres meses, como promedio, ha sido muy superior a los tres meses anteriores.

La prueba está en que incluso los días de entre semana he ido avanzando (yo, como Borodín, siempre he sido un compositor, aparte de garrafón, "dominguero" o de fin de semana). Entiéndase por "garrafón": autodidacta o aficionado.

Aparte de experimentar desde un punto de vista técnico, cosa que siempre intento en cada nuevo trabajo, le estoy imprimiendo a esta sinfonía casi todo de lo poco que tengo dentro.
Por supuesto, en obras anteriores, también lo hice. Pero en esta ocasión es como si ya supiese como transmitir mejor, en el lenguaje musical, esos sentimientos de los que debe gozar cualquier obra artística.

Supongo que, con la práctica, no solo se abren las puertas técnicas sino también las del alma (o como demonios se le quiera llamar).
Aunque casi estoy convencido, conociéndome, que el siguiente reto será aún más apasionante y superará con creces a este actual de la Sinfonía 3.

Veremos... Ya queda poco.

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